La 1ª más votada 2019/2020 - Estuvo dos meses en lista

Escrito por Raimundo Almeda Candil.

 

Los correos, desde la noche de los tiempos se han basado siempre en listas. Listas de consignatarios, listas de ciudades y pueblos, listas de países, listas de rutas y encaminamientos, listas de carteros, listas de distritos, listas de empleados, … en fin, listas de todo tipo, con las que las organizaciones de correos se han apoyado para realizar su cometido. Pero hay algunas de ellas que son las Listas con mayúscula, porque están relacionadas con los procesos operativos básicos del envío, distribución y recogida de la correspondencia. Éstas son la hoja de ruta de los consignatarios, por una parte, que hacen posible el direccionamiento de las cartas y las Listas para recogidas de las cartas en las oficinas de correo de destino.

Hay muchas referencias a las listas en los Anales de Correos de España, la primera de ellas la encontramos en “Copia de una carta del Conde de Olivares y de una proposición para establecer un correo especial entre Roma y España.A.S.-Estado.-legajo 950-fol.58”. El pie de firma dice así: “Dios guarde la Catholica persona de Vuestra Majestad, de Roma 4 henero, 1588=El conde de Olivares.” Se trata del II conde de Olivares, D. Enrique de Guzmán y Ribera, padre de Gaspar de Guzmán y Pimentel, el conocido conde duque de Olivares, a quién Felipe IV le tuvo como valido, nombrándole además de duque, grande de España. D. Enrique fue embajador en Roma desde 1582 hasta 1591, y deja este puesto cuando Felipe II le nombra Virrey de Sicilia, y posteriormente, en 1595, Virrey de Nápoles hasta 1599, que vuelve a España, pasando a formar parte del Consejo de Estado.

En el anexo que se cita en la carta, se explican todos los problemas en pérdidas, retrasos y encarecimiento de los correos desde Roma que estaban sufriendo y especifica los acuerdos alcanzados con una compañía a la que nombra como “Jacobo de Elías y compañeros”, comprometiéndose estos a dedicar un arriero ordinario (uno al mes bastará, se indica en una nota al margen) para dar servicio en exclusiva a la nación española. Ahora bien, lo que nos interesa en la carta es lo que aparece en el siguiente párrafo: “el cual arriero partirá con las cartas y despachos, que por los cortesanos y otras personas de Roma le fueren dados para la corte real de su magestad cada mes y de la dicha corte de su magestad para Roma, en los días que le fueren asignados por los dichos señores Governador y Priores de la dicha nación y ara el viaje de Roma para Genova, Barcelona, Çaragoça, asta Madrid o a la corte donde su magestad por tiempo residiere a donde llevará los despachos, pliegos y cartas bien y fielmente y ara hacer en los lugares ordinarios sus listas según es costumbre, para que diligentemente dentro de los dichos días, términos y plazos abaxo declarados se consignen a las partes sus cartas…”. A continuación, se describen plazos y tarifas, especificando en éstas que se cobrará por cada onza de peso real y medio (dos carlines en Roma), y si no llega en plazo, sólo se pagará un real por cada onza de peso. Además se indica que si esta compañía tiene que pagar a correos mayores u otros derechos de paso, no se cargará en modo alguno a la nación española.

A partir de 1716, abundan las referencias a la Lista de Correo y a su organización, pues desde el principio de la apertura al público del Correo, la Administración siempre intentó reducirlas e incluso eliminar las Listas de Correo para entregar las cartas, pues era mucho más beneficioso para la Renta, que se repartieran el mayor número posible de las cartas en los domicilios. El Cuerpo de Carteros, está íntimamente ligado con la Lista de Correos, debiendo los carteros su existencia inicial en el voluntariado de personas que por una pequeña recompensa iban a recoger la correspondencia a la lista en nombre de otras, hecho éste que hace que la Administración se percate de la importancia que tenía el reparto de cartas para reducir la cantidad de cartas en la lista y por lo tanto poder cobrar el importe de las cartas entregándolas a sus destinatarios. Así lo explicaba Ricardo Ortiz Vivas, hace ya casi cien años, en su Historia de los carteros: “Estos auxiliares del Correo, que tuvieron su origen en los desocupados que en las antiguas listas de cartas se aprovechaban del analfabetismo de las gentes de la segunda mitad del siglo XVIII, han llegado en nuestros días a constituir corporaciones postales de suma importancia”.

La primera mención sobre la expresión “ESTUVO DOS MESES EN LISTA”, la encontramos en la, “Instrucción para la Administración de Correos de Valencia.- A.G.C.Correos.=3ª Sección.-Legajo 1.481” del 14 de abril de 1792”, firmada por Juan Nieto, que en su artículo XX, dice así : “Las Cartas que dexen los Carteros por ser para sujetos desconocidos, ó las que devuelvan por no haber hallado a sus dueños, ó no haberlas recibido por falta de dinero para el pago de sus portes, u otro cualesquiera motivo, se pondrán en Lista que deberá estar puesta al público el mes de su entrada, y en fin de él, se formará una general de toda la correspondencia que ha de estar puesta en todo el siguiente, recogiéndose luego que se concluya para sacarla al Archivo, en cuyo acto quedarán responsables á su importe el Administrador y Contador, y los dos meses que esten en la Lista las Cartas, han de responder de ellas los Oficiales encargados de la semana, y cada uno en la suya”.

La marca “ESTUVO EN LISTA” es bastante común. Las hay de diferentes tipos, entre ellas muchas manuscritas. La marca “ESTUVO DOS MESES EN LISTA”, es ya más escasa, pero ninguna tan bonita como esta de Valladolid. Se intenta entregar en Valladolid el 10 de septiembre de 1905. No se encuentra al destinatario y pasa a Lista ese mismo día, donde estuvo dos meses. Al cabo de los cuales, le ponen la marca comentada y pasa a cartas sobrantes. En esta época deberían de haberla enviado a la Administración Central y destruirla pasado un año. Pero  por suerte esto no sucedió con esta carta.

 

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